EE.UU: ¿Espiar sin límites?

Según numerosas filtraciones, documentación que prueba que se torturó a sospechosos de terrorismo de forma más o menos sistemática, contraviniendo la Constitución y las leyes.

Source: www.eldiarioexterior.com

EE.UU. ¿ESPIAR SIN LIMITES? – ÁLVARO VARGAS LLOSA
Lección de democracia?
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Según numerosas filtraciones, documentación que prueba que se torturó a sospechosos de terrorismo de forma más o menos sistemática, contraviniendo la Constitución y las leyes. Cuando a Condoleezza Rice se le pregunta qué siente, siendo descendiente de esclavos, por los Padres Fundadores de su país, que dieron al mundo la mejor Constitución pero preservaron esa atroz práctica, ella responde más o menos esto: es una mancha muy oscura en su conducta, pero al mismo tiempo nos dieron todos los instrumentos constitucionales, jurídicos y morales para, un día, acabar con ella.
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La revelación, hace pocos días, de que la CIA espió al Comité Selecto de Inteligencia del SENADO -es decir a los legisladores encargados de vigilar que la CIA actúe dentro de la legalidad- nos confirma una vez más la clarividencia que tuvo esa generación de líderes fundacionales. Porque el escándalo nos muestra lo mejor y lo peor de la república, y ellos entendían que no hay nada -incluyendo la religión, tan determinante en la vida social y moral de este país- que haga a los estadounidenses mejores personas que los ciudadanos de otros países. Cuando tienen una pizca de poder, abusan, o pretenden abusar, de él igual que los demás. Pero con una diferencia: los instrumentos que esos fundadores dieron a su república para corregir, limitar y castigar todas las veces que sea necesario esos abusos.
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La clave está en “todas las veces que sea necesario”. Porque la historia norteamericana demuestra que se cae en los mismos errores una y otra vez pues no se puede cambiar la naturaleza humana. Pero esa no es su función, sino más bien la de actuar de forma permanente como un sujetador-limitador de los excesos. Si los excesos desbordan el sujetador, lo que sucede de tanto en tanto, se lo ajusta para que vuelva a cumplir su función. Hace pocos días, el director de la CIA, John Brennan, llamó a la demócrata Dianne Feistein, presidenta del Comité Selecto Permanente de Inteligencia del Senado, y al republicano de mayor jerarquía en él, Saxby Chambliss. Les dijo que una pesquisa interna llevada a cabo por el inspector David Buckley había concluido que 5 funcionarios de su agencia, dos abogados y tres expertos en informática, habían accedido a la documentación que manejaba el Comité como parte de su investigación sobre las torturas a los sospechosos de terrorismo después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. 
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Hago un corte para explicar el origen de este Comité porque tiene que ver con lo que apuntaba al inicio acerca de cómo funciona la democracia estadounidense. Este Comité surgió por un escándalo de ESPIONAJE ILEGAL por parte de las agencias de inteligencia norteamericanas, y llevó al Congreso a usar los instrumentos otorgados por la Constitución para buscar una forma de impedir que se repitiera la historia.
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En 1973, el Comité investigador del CASO WATERGATE reveló que el gobierno había espiado a personas e instituciones de forma ilegal (entre otras limitaciones, la CIA, por ejemplo, no está autorizada a actuar dentro del territorio estadounidense). Un año después se supo -cortesía del periodista Seymour Hersch en el New York Times- que esa práctica llevaba por lo menos 10 años. Una larga investigación parlamentaria presidida por el senador Frank Church produjo un informe demoledor. Su principal consecuencia institucional fue, justamente, la creación del Comité senatorial encargado hoy de vigilar a la CIA y a las otras agencias de espionaje. Como es evidente, este mecanismo cumplió su función durante un tiempo, hasta que los atentados del 11 de septiembre de 2001 hicieron volar por los aires toda frontera moral e institucional. Y por tanto -aquí está la conexión entre lo que ha ocurrido ahora y los Padres Fundadores- la democracia norteamericana tendrá que volver a utilizar los instrumentos republicanos para ajustar el sujetador y contener a la bestia. 
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¿Qué ha sucedido?. En realidad, la continuación de una pugna pública y privada entre el Poder Ejecutivo y los demás poderes -estatales y privados- de la democracia acerca de los límites en el combate contra el terrorismo. El último capítulo es una investigación que lleva a cabo desde hace un año -y que está por concluir- el COMITE SENATORIAL ya mencionado. Este Comité (uno de los dos encargados de la vigilancia del aparato de espionaje: el otro es el Comité equivalente en la Cámara de Representantes) tiene, según numerosas filtraciones, documentación que prueba que se torturó a sospechosos de terrorismo de forma más o menos sistemática, contraviniendo la Constitución y las leyes. Como es natural, uno de sus blancos es la CIA, que tuvo a su cargo muchos interrogatorios en el exterior. Como parte de su trabajo, el Comité senatorial obtuvo acceso a documentación interna de la CIA a través de una red informática originada en el norte de Virginia. Para este acceso se enlazaron las computadoras del Comité con una red informática de la CIA tomando precauciones -o se suponía- para que la CIA no accediera a su vez a los ordenadores del Senado. Pero en enero de este año el Comité se enteró de que la CIA había violado las normas, usando este enlace para penetrar en las computadoras del Comité y acceder a la investigación oficial de que era objeto.
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Cuando el COMITE SENATORIAL se quejó, la CIA, bajo dirección de Brennan, contra-atacó con dureza, denunciándo al Comite ante el Departamento de Justicia, que en Estados Unidos hace también las veces de Fiscalía General, de haberse apropiado internamente de documentos internos relacionados con una investigación de la CIA sobre prácticas abusivas e ilegales en los interrogatorios a sospechosos de terrorismo. En marzo esa disputa entre el COMITE SENATORIAL y la CIA saltó a la luz pública cuando la presidenta del Comité, la senadora Feinstein, acusó directamente a la CIA de acceder sin autorización a su investigación senatorial. Brennan de la CIA a su vez la acusó de faltar a la verdad y aseguró reiteradamente que eso no ocurría ni podía ocurrir: “Cuando se sepan todos los hechos”, anunció “se verá que es falso lo que se dice acerca de un supuesto gran espionaje”. El Comité mantuvo su línea, evidentemente gracias a información secreta de algunos agentes de la propia CIA, que corroboraron lo que los expertos informáticos que asesoran al Senado le habían dicho sobre la penetración de sus computadoras.
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El COMITE SENATORIAL ya tenía experiencia en falsedades oficiales relacionadas con el espionaje ilegal a gran escala a ciudadanos norteamericanos, pues el director de Inteligencia Nacional, James Clapper (jefe de Brennan y de los responsables de todas las agencias de inteligencia del país), había negado furiosamente en su día que la NSA estuviera actuando fuera de la ley y hoy se sabe que la AGENCIA DE SEGURIDAD NACIONAL hizo precisamente eso a escala y de forma sistemática dentro y fuera del país. Pasaron las semanas y los meses. Mientras tanto, David Buckley, el inspector de la CIA, proseguía con una pesquisa interna ordenada por Brennan sobre el espionaje al Senado. Cuando -exceptuando a los directamente interesados- todo el mundo había olvidado la denuncia de Feinstein, un buen día y hace muy poco, apareció el Presidente Obama y dijo que Estados Unidos había torturado a sospechosos de terrorismo y anunció medidas para que eso nunca vuelva a suceder. Nadie vio en aquel momento la conexión entre este anuncio aparentemente intempestivo y la pugna entre el Comite del Senado y la CIA. Pero a finales de julio, en pleno verano, Brennan telefoneó a la presidenta demócrata del Comité y al republicano de mayor jerarquía allí para admitir que 5 funcionarios habían accedido a las computadoras que contenían la investigación senatorial. Se desdecía asi de su rotundo rechazo a la denuncia de Feinstein. Según Brennan, se había enterado hace algunas semanas y había ordenado detener el espionaje en el instante en que tuvo conocimiento, pero la oficina de seguridad, directamente subordinada al jefe de la agencia, penetró en los emails de los asesores del Comité senatorial.
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El jefe de la CIA ha enviado ahora al Departamento de Justicia el informe del inspector reconociendo los hechos y ha reunido una COMISIÓN INVESTIGADORA de mayor alcance, presidida por el ex senador Evan Bayh, para determinar si algunos de los funcionarios o acaso un grupo más grande del que se señala en el informe del inspector- debe ser disciplinado. Por ahora el Departamento de Justicia no ha imputado a nadie. Lo que importa aquí no son tanto los aspavientos políticos, como los llamados de numerosos senadores para que Brennan renuncie o las acusaciones a Obama de haber protegido a Brennan a sabiendas (el ex juez de derecha y gran crítico del gobierno, Andrew Napolitano, que sirvió en la Corte Superior en Nueva Jersey, ha pedido iniciar un proceso de destitución del Primer Mandatario). Lo que importa es que en los últimos años saltó por los aires todo límite institucional y moral en lo que respecta al espionaje estadounidense. Si lo que Brennan dice es cierto, sus propios subordinados no le hicieron ningún caso y, lo que es peor, le dieron información falsa para que mintiera en público cuando Dianne Feinstein hizo la denuncia. Además, el espionaje se realizó ya no contra ciudadanos indefensos, sino contra el Senado, violando la separación de poderes. Ello, mucho después de saberse todo lo que ya se sabe, gracias a Edward Snowden y otros que lo precedieron, acerca de los abusos y excesos de la comunidad de inteligencia desde 2001. Está claro que los funcionarios que siguieron actuando así se sentían impunes.
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Aquí retomo el hilo de los fundadores. Sería un error creer que ellos previeron que sus mecanismos de control bastarían para impedir los abusos. La genialidad de su creación no radica en eso porque para ello habría que cambiar la naturaleza humana, algo que eran perfectamente conscientes de no poder hacer. Lo que diseñaron fue un sistema flexible y permanente a la vez para limitar lo posible esos abusos y excesos y para que, cuando saltaran por los aires el derecho y la moral por situaciones de conmoción general (como la del 11 de septiembre de 2001), se contase con los instrumentos que permitiesen regresar a la normalidad. En este caso, implica espiar con límites estrictos. Eso es lo que ahora intentan las distintas instituciones bajo presión de opinión pública. Una lección importante sobre la democracia estadounidense.
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See on Scoop.itVote mejor, deje el egoísmo y piense en los demás.

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