La caída de Brasil

Para el escritor peruano, el milagro brasileño iniciado por Lula no es más que un mito desmentido por estadísticas que no deja ver la realidad

Source: www.lanacion.com.ar

QUE PASA CON BRASIL – EL POPULISMO DE LULA Y DILMA

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Todo nace con el gobierno de Lula da Silva (2003-2010), quien, según el mito universalmente aceptado, dio el impulso decisivo al desarrollo económico de Brasil, despertando de este modo a ese gigante dormido y encarrilándolo en la dirección de las grandes potencias. Las formidables estadísticas que difundía el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística eran aceptadas por doquier: de 49 millones los pobres bajaron a ser sólo 16 millones en ese período y la clase media aumentó de 66 a 113 millones. No es de extrañar que, con estas credenciales, Dilma Rousseff, discípula de Lula, ganara las elecciones. Ahora quiere hacerse reelegir y la verdad sobre la economía brasileña parece sustituir al mito, muchos la responsabilizan por esa declinación veloz y piden que se vuelva al "lulismo", el gobierno que sembró, con sus políticas mercantilistas y corruptas, las semillas de la catástrofe.
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La verdad es que NO HUBO NINGÚN MILAGRO CON LULA, sino un espejismo que sólo ahora comienza a despejarse, como ha ocurrido con el fútbol brasileño. Una política populista como la que practicó Lula durante sus gobiernos pudo producir la ilusión de un progreso social y económico que era nada más que un fugaz fuego artificial. Las alianzas mercantilistas entre gobierno y empresas privadas enriquecieron a funcionarios y empresarios, pero crearon un sistema tan burocrático que incentivaba la corrupción y ha ido desalentando la inversión. El gobierno dijo que no habría dinero público en los 13 mil millones que invertiría en el mundial. Era mentira. De los 12 estadios acondicionados sólo se necesitaban 8, según advirtió la propia FIFA. La planificación fue tan chapucera que la mitad de las reformas de la infraestructura urbana y de transportes debieron ser canceladas. Brasil crecerá este año apenas un 1,5% y el gasto público sigue creciendo, ya gasta el 40% del PBI. Pese a ello, según las encuestas, Dilma Rousseff ganará las próximas elecciones de octubre.
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En todos estos años, primero con Lula da Silva y luego con Dilma Rousseff, ha vivido una mentira que irán pagando sus hijos y sus nietos, cuando tengan que empezar a reedificar desde las raíces una sociedad a la que aquellas políticas hundieron todavía más en el subdesarrollo. Es verdad que Brasil había sido un gigante que comenzaba a despertar en los años que lo gobernó FERNANDO HENRIQUE CARDOSO, que ordenó sus finanzas, dio firmeza a su moneda y sentó las bases de una verdadera democracia y una genuina economía de mercado. Pero sus sucesores, en lugar de perseverar y profundizar aquellas reformas, las fueron desnaturalizando, regresando el país a las viejas prácticas malsanas.

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No sólo los brasileños han sido víctimas del espejismo fabricado por Lula da Silva, también el resto de los latinoamericanos. La política exterior del Brasil en todos estos años ha sido de complicidad y apoyo descarado a la política venezolana del comandante Chávez y de Nicolás Maduro, y de una vergonzosa "neutralidad" ante Cuba. Por eso, cuanto más pronto caiga la careta de ese supuesto gigante en el que Lula habría convertido al Brasil, mejor para los brasileños. El mito de la canarinha nos hacía soñar hermosos sueños. Pero en el fútbol como en la política es malo vivir soñando y siempre preferible -aunque sea dolorosa- atenerse a la verdad.
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