El experimento de ASH o falsas mayorías

Como ha dicho Julián Marías, la persona no es solo lo que se ve en el espejo ni el que dice ‘yo’ cuando golpea a la puerta y se le pregunta quien es. Tal como reza el precepto bíblico, somos nuestros pensamientos y si los distorsionamos para satisfacer al público con lo ‘políticamente correcto’, quedamos a la intemperie, nos perdemos en un desierto implacable que no permite reconocer lo más relevante de nuestro ser.

Source: www.eldiarioexterior.com

DE COMO LAS MAYORÍAS NOS CAMBIAN
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La persona -la personalidad- es lo individual, lo exclusivo, es lo que distingue a tal o cual ser humano, es su capital más valioso y distintivo. Es de interés recordar el célebre EXPERIMENTO DEL PSICÓLOGO S. ASH que consistió en reunir en una habitación a un grupo de personas a quienes se les muestra gráficos con bastones de distinta altura y se les pregunta opiniones sobre comparaciones de tamaño impresos en esos gráficos. Se les dice a todos menos a una persona que en cierto momento se pronuncien sobre equivalencias falsas. El experimento se base en observar la reacción de la única persona que no está complotada para sostener falsedades y ésta, en la inmensa mayoría de los casos, en sucesivas muestras, primero revela desconcierto frente a la opinión de los demás, luego el tono de voz va cambiando revelando inseguridad hasta que finalmente se pronuncia como el resto de las personas, es decir, se inclina por un veredicto falso.
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Este conocido experimento y otros similares ponen de manifiesto LA ENORME INFLUENCIA DEL GRUPO MAYORITARIO y hoy podriamos agregar tranquilamente aqui al mensaje de los medios (radio-tv-web-etc) sobre los grupos minoritarios. Este problema grave, que desdibuja por completo la personalidad se refleja en conductas que terminan invalidando la razón de ser de las votanciones y de todas las busquedas de mayorias en politica. Carl Rogers explica que muchas de las personas que atiende en su consultorio manifiestan problemas en el trabajo, matrimonio, reuniones sociales, angustias, falta de proyectos, asuntos sexuales, relaciones interpersonales y así sucesivamente, pero subraya que estas son pantallas que ocultan un tema mayor, cual es, el desconocer quienes son. De tanto hacer y decir lo que otros estiman que los hará quedar bien ante los demás, pierden la brújula de lo que en realidad son sus valores y principios. Alguién dijo “Ningún hombre, por un considerable período de tiempo, puede recurrir a una cara para sí mismo y otra para la multitud sin finalmente confundirse sobre cual es la verdadera”.
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Uno puede decidir nacer para no ser nadie y flotar en una nube anodina mientras alrededor suceden cosas vitales. Esto es lo que sucede con aquellos que solo deciden ir a la oficina, hacer sus necesidades, dormir, alimentarse y copular sin ninguna contribución al mundo que los rodea y en el cual viven. No tienen ideas de como votar mejor, como mejorar el clima, como vivir mas tiempo, como mejorar el futuro de los que vienen. En fin, nada les interesa y todos quieren y desean que se los deje en paz para hacer sus cositas intrascendentes. Borges dijo alguna vez que “ya se había adiestrado en el hábito de simular que era alguien para que no se descubriera su condición de nadie”.  Todos podemos notar que en el mundo hay problemas: ahora las dictaduras se votan (?) en América latina, el desbarranque estadounidense respecto a los consejos de los Padres Fundadores, el resurgimiento de los nacionalismos en Europa, el golpe en Tailandía, la reincidencia del terrorismo en Irak, el fundamentalismo en Irán, los sucesos en Egipto, el régimen de Siria y el sistema gangsteril en Rusia. ¿Miramos para otro lado mejor, sin opinar?. ¿Podemos creernos que eso es una actitud sana?
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Todos estos problemas se agravan de modo exponencial cuando los votantes caen en el síndrome de Asch (según el experimento descripto antes). Donde los supuestos defensores de una sociedad abierta y libre no quieren esa responsabilidad (?) y adhieren a lo que les proponen los enemigos del sistema, sus manipuladores. No hay que cansarse de repetir lo que Friedrich Hayek ha escrito en Los intelectuales y el socialismo (hay que leer detenidamente puesto que es un pasaje de notable calado): “Necesitamos líderes intelectuales que estén preparados para resistir los halagos del poder y la influencia y que estén dispuestos a trabajar por un ideal, independientemente de lo reducidas que sean las posibilidades de su realización inmediata”. Por supuesto que el abrirse camino con opiniones personales contrarias a las comunes acarrea costos como toda acción humana.

El tema de lo que aquí vemos como el síndrome Asch comienza en las escuelas, sigue en los colegios cuando el docente impone una sola bibliografía y rechaza otras y lo toma a mal cuando un estudiante cuestiona lo dicho. El espíritu contestatario en el aula es vital para formar seres humanos no autómatas. La honestidad intelectual es probablemente la virtud más excelsa y es lo que permite sacar partida de tradiciones de pensamiento distintas.
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