¿cómo proteger la Tierra de los asteroides?

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Quiero hablarles de algo bien grande. Comenzamos aquí. Hace 65 millones de años los dinosaurios tuvieron un mal día. (Risas) Una roca de 10 km de diámetro, que se movía como 50 veces más rápido que una bala de fusil, golpeó la Tierra. Liberó instantáneamente toda su energía, en una explosión que desborda la imaginación. Si tomamos todas las armas nucleares hechas en lo álgido de la Guerra Fría, las juntamos y las hacemos explotar al mismo tiempo, se tendría apenas una millonésima de la energía liberada en ese instante. Los pobres dinosaurios tuvieron su mal momento. ¿Bien?

Una roca de 10 km es muy grande, es enorme. Vivimos aquí en Boulder. Al mirar por la ventana, pueden ver el Pico Longs, sin duda lo conocen. Ahora, tomen este pico y suéltenlo en el espacio. Agréguenle el monte Meeker, y llevan todo esto al espacio junto con el monte Everest, el K2, y los Indian Peaks. Ahora ya empiezan a tener una idea de cuánta roca es eso, ¿sí? Sabemos que era grande por el impacto que produjo y el cráter que dejó. Golpeó lo que ahora conocemos como Yucatán, el Golfo de México. Acá pueden ver la península de Yucatán, pueden ubicar a Cozumel frente a la costa oriental.

Aquí está el tamaño del cráter que dejó. Es enorme. Para entender mejor la escala, bueno, ahí vamos. El tamaño aquí es de 80 km en la cima, 100 km en la base. Tenía 300 km de ancho, 200 millas, un inmenso cráter que excavó enormes cantidades de tierra y las esparció por todas partes, produjo incendios por todo el planeta y lanzó tanto polvo que llegó a bloquear el sol. Eliminó el 75% de las especies de la Tierra. Bueno, no todos los asteroides son tan grandes. Algunos son más pequeños. Aquí hay uno que llegó a los EE.UU. en octubre de 1992. Llegó un viernes por la noche. ¿Por qué es importante esto? Porque en ese momento las cámaras de video apenas comenzaban a popularizarse, y la gente, los padres las llevaban a los partidos de fútbol para filmar a sus hijos jugando. Y como llegó un viernes, pudieron captar estas magníficas imágenes de esa cosa que se desintegraba al pasar sobre Virginia Occidental, Maryland, Pennsylvania y Nueva Jersey, hasta que le hizo esto a un auto en Nueva York. (Risas)

Aunque este cráter no mide 300 km, se puede ver la roca que quedó ahí, del tamaño de un balón de fútbol, que golpeó ese auto y lo dejó así. Posiblemente esta cosa era del tamaño de un autobús escolar cuando llegó. Se fracturó por la presión atmosférica, se partió, los pedazos se desprendieron, y produjo esos daños. Claro, no quisieras que te cayera en el pie o en la cabeza, porque te quedaría así. Sería muy malo. Bien sabemos que no llegó a desaparecer toda la vida sobre la Tierra. No fue tan grave. Pero resulta que no se necesita algo de 10 km para hacer mucho daño. Hay un punto intermedio entre una piedrita y una roca gigantesca.

Así, si alguno ha estado alguna vez cerca a Winslow, Arizona, habrá visto un cráter en el desierto, un ícono tal que lo llaman el Cráter del Meteoro. Para dar un sentido del tamaño, mide casi 2 km. Si miran hacia arriba, este es un aparcadero y esos son coches. Casi 2 km de ancho, 180 m de profundidad. El objeto que produjo esto era probablemente como de 30 a 50 m de ancho, o sea, aproximadamente del tamaño de este auditorio Mackey. Llegó a una gran velocidad, chocó contra el piso, estalló, y explotó con la energía de una bomba atómica de 20 megatones, muy poderosa. Esto sucedió hace 50 mil años, y pudo haber aniquilado unos cuantos búfalos o antílopes o cosas de esas, en el desierto, aunque probablemente no llegó a causar un desastre mundial.

Sucede que no tienen que llegar a chocar contra el piso para hacer mucho daño. En 1908, en Siberia, cerca a la región de Tunguska… algunos admiradores de Dan Aykroyd, quizás vieron “Los cazafantasmas”, cuando él hablaba de la mayor profundidad desde la explosión de Siberia en 1909, ahí se equivocó en la fecha, pero no importa. (Risas) Fue en 1908. Está bien. Puedo soportarlo. (Risas) Fue otra roca que llegó a la atmósfera terrestre, estalló antes de llegar al piso, varios kilómetros por encima de la superficie. El calor de la explosión abrió en llamas el bosque que había abajo y luego la onda de choque tumbó árboles en centenares de kilómetros cuadrados. Eso causó inmensos daños. Igualmente, esta roca era probablemente del tamaño de este auditorio en el que estamos hoy.

En el Cráter del Meteoro, el objeto era metálico y por ser más duro, logró llegar hasta el piso. El que cayó sobre Tunguska probablemente era de piedra, mucho más frágil, así que estalló en el aire. Una u otra, éstas son explosiones tremendas, 20 megatones. Cuando explotan, no es que vayan a producir daños ecológicos globales. No van a llegar a hacer algo como el que acabó con los dinosaurios. Simplemente, no son tan grandes. Pero sí pueden causar daños económicos mundiales, porque no es necesario que golpeen físicamente para causar este tipo de desastres. No tienen que producir devastación global. Si uno de estos llegare a golpear prácticamente en cualquier parte, causaría pánico. Y si llegara a una ciudad, una ciudad importante… no es que ninguna ciudad sea más importante que otras, pero sí dependemos de algunas más que de otras, en términos de la economía mundial… eso podría producirnos enormes perjuicios a nosotros, como civilización.

Bueno, ya que los he logrado atemorizar… (Risas) ¿Qué podremos hacer? ¿Qué dicen? Esta es una amenaza potencial. Puedo anotar que no hemos tenido un impacto tan grande como el de los dinosaurios, en los últimos 65 millones de años. Esos son muy raros. Los más pequeños caen con más frecuencia, probablemente cada mil años cada varios siglos o milenios, pero aún así, debemos ser conscientes. Bueno, ¿qué podemos hacer? Lo primero es encontrarlos. Esta es una imagen de uno que pasó en el 2009. Ahí está. Pero como pueden ver, es extremadamente débil. Ni siquiera sé si alcanzan a verlo en la última fila. Estas son sólo estrellas. Esta es una roca de unos 30 m de diámetro, aproximadamente del tamaño de la que estalló sobre Tunguska y la que cayó sobre Arizona hace 50 mil años.

Son muy débiles. Difíciles de ver, y el cielo es enorme. Tenemos que encontrarlas primero. La buena noticia es que las estamos buscando. La NASA ha destinado fondos para esto. La Fundación Nacional de Ciencias y otros países están muy interesados. Estamos construyendo telescopios para detectar esa amenaza. Es un primer paso, muy importante. Pero ¿cuál será el siguiente? Lo que sigue es que si vemos una en camino hacia acá, tenemos que detenerla. ¿Cómo hacemos? Posiblemente han oído hablar del asteroide Apophis. Si no, ya lo oirán. Si han oído del apocalipsis maya del 2012, oirán hablar del Apophis, porque están conectados a todas esas redes que hablan del fin del mundo.

Apophis es un asteroide descubierto en el 2004. Tiene como 230 m de diámetro. O sea, bien grande, gigantesco, más grande que un estadio de fútbol y va a pasar cerca a la Tierra en abril del 2029. Se nos acercará tanto que en realidad pasará debajo de las órbitas de los satélites meteorológicos. La gravedad terrestre desviará su trayectoria tanto que, si todo coincide, si pasa por esta región del espacio en forma de fríjol, o de riñón, llamada el «ojo de la cerradura», la gravedad lo desviará justo lo suficiente para que siete años más tarde el 13 de abril, un viernes, se los digo, del año 2036… (Risas) -esto no se puede planear- Apophis nos va a golpear. Y tiene 250 m de diámetro. Causará daños increíbles.

Pero la buena noticia es que la probabilidad de que llegue a pasar por este ojo de cerradura y nos golpee luego, es como de uno en un millón. O sea, muy, muy poco probable. Personalmente no me desvelo preocupándome por esto. No pienso que Apophis sea un problema. En realidad Apophis es una bendición disfrazada porque nos despertó y nos mostró los riesgos de estas cosas. Fue descubierto hace sólo unos pocos años y nos podría golpear dentro de otros cuantos. No va a suceder, pero nos da la oportunidad de estudiar estos asteroides. Antes ni entendíamos nada de estos ojos de cerradura y ahora sí sabemos de ellos y resulta que es algo bien importante, porque ¿cómo se puede detener un asteroide?

Permítanme preguntar ¿qué pasa si estamos en medio de la vía y un auto se nos aproxima? ¿Qué hacemos? Esto. ¿No es cierto? Nos movemos. Y el coche pasa por el lado. Pero no es posible mover la Tierra, al menos no es fácil, pero sí podemos mover un asteroide pequeño. Y resulta que lo hemos hecho. En el 2005, la NASA lanzó una sonda llamada «Impacto Profundo», que chocó… mandó un fragmento del mismo proyectil, hasta el núcleo de un cometa. Los cometas (hielo y piedra) se parecen a los asteroides (piedra). El propósito no era desviarlo. Se trataba de hacer un cráter para extraer material y ver qué había bajo la superficie, de lo cual aprendimos bastante. Sí lo logramos mover un poquito, no mucho, pero no se trataba de eso. Pero, piensen en esto. Esta cosa gira alrededor del Sol a 15 ó 30 km por segundo. Le disparamos una sonda y le dimos. ¿Bien? Piensen en lo fuerte que tuvo que ser, y lo logramos. Quiere decir que lo podemos repetir.

Si se necesita, si vemos un asteroide que viene hacia acá, que se dirige directamente hacia nosotros, y tenemos dos años antes del ¡TAS! Le damos. Se puede intentar ¿saben? Los que van al cine, podrán pensar, ¿cómo no usar una arma nuclear? Bueno, pues se podría ensayar, pero el problema es cuándo. Si se le dispara con un arma atómica, habría que detonarla dentro de una tolerancia de milisegundos, pues si no, no lo alcanza. Y con ese hay muchos otros problemas. Es bien difícil lograrlo. ¿Sólo darle a algo? Eso es muy fácil. Pienso que inclusive la NASA puede hacerlo, y ya lo demostraron. (Risas). El problema es que no sabemos qué pasa si le das al asteroide, le cambias su trayectoria, la mides y descubres que, ah sí, lo empujamos a un ojo de cerradura, y ahora nos va a llegar en tres años.

Bueno, esta es mi opinión. ¿De acuerdo? No nos va a llegar en seis meses. Está bien. Ahora tenemos tres años para hacer algo. Podemos darle otra vez. Es como un puñetazo. Podrías empujarlo hacia un tercer ojo de cerradura, pero no se trata de eso. Esta es la parte que me encanta. (Risas) Es como el grandulón, “¡Rrrrr PUM! Voy a darte en la cara”, y saco los guantes de terciopelo. (Risas) Hay un grupo de científicos, ingenieros y astronautas llamados Fundación B612. Los que han leído “El Principito“, entenderán la referencia, espero. El principito vivía en un asteroide llamado B612.

Son unos tipos bien listos -hombres y mujeres- como dije, astronautas, ingenieros. Rusty Schweickart, un astronauta del Apolo 9, está ahí. Dan Durda, mi amigo, quien hizo esta imagen, trabaja ahí en el Southwest Research Institute, en Boulder, en Walnut Street. Él creó esa imagen y es uno de los astrónomos que trabaja allá. Si vemos un asteroide que va a chocar con la Tierra, y si tenemos tiempo suficiente, podemos golpearlo para moverlo hacia una mejor trayectoria. Lo que hacemos es lanzarle una sonda que debe pesar una o dos toneladas. No tiene que ser enorme; un par de toneladas, que no es mucho, y nos colocamos cerca al asteroide. No aterrizamos en él porque siempre está agitándose de lado a lado. Es muy difícil posarse en él. En cambio, nos acercamos.

La gravedad del asteroide atrae la sonda que tiene una masa de un par de toneladas. La gravedad es pequeña pero suficiente para atraer al asteroide. Y encendidos los cohetes que lleva, logra; ay, apenas puede verse aquí, pero ahí están los chorros de esos cohetes y estos amigos conectados por su propia gravedad. Si se mueve la sonda lentamente, muy, muy despacio, podemos fácilmente, con mucho tacto, llevar la roca a una órbita segura. Podemos, incluso, ponerla a girar alrededor de la Tierra donde podríamos extraer sus minerales, pero eso es un asunto muy diferente. No me voy a meter en eso. (Risas) ¡Podríamos volvernos ricos! (Risas)

Piensen en esto, ¿sí? Esas rocas gigantescas que están volando por el espacio, nos golpean, nos hacen daño, ya sabemos qué hacer con ellas y todo encaja bien para hacerlo. Tenemos astrónomos trabajando con sus telescopios buscándolas. Tenemos personas bien listas, muy, muy brillantes, que están preocupadas por esto y están estudiando cómo solucionar el problema; tenemos la tecnología para lograrlo. En la sonda, en realidad, no se pueden usar cohetes químicos pues producen mucho empuje, demasiada fuerza. Saldría disparada alejándose.

Entonces inventamos algo llamado «motor iónico», que produce un impulso muy, muy, muy débil. Genera una fuerza como el peso de una hoja de papel en la mano, increíblemente leve, pero que puede durar meses o años produciendo ese pequeño empuje. Para los seguidores del “Star Trek” original… allá ellos se encuentran una nave con un motor iónico, y Spock dice: “Son técnicamente muy sofisticados. Con ese motor, están como 100 años más adelantados”. Sí. Ya tenemos el motor iónico. (Risas) No tenemos el “Enterprise”, pero sí el motor iónico. (Aplausos) Spock. (Risas)

Entonces… esa es la diferencia, la diferencia entre nosotros y los dinosaurios. Lo que les ocurrió a ellos, no tiene que pasarnos a nosotros. La diferencia con los dinosaurios es que nosotros tenemos un programa espacial y podemos votar, de modo que podemos cambiar el futuro. (Risas) Podemos cambiar nuestro futuro. Dentro de 65 millones de años no es necesario que nuestros huesos estén acumulando polvo en un museo. Muchas gracias. (Aplausos)

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