No se puede parar de mentir

No podemos dejar de mentir. Piadosas o mal intencionadas, las mentiras son parte de nuestra herencia evolutiva. La buena noticia es que ahora existen muchos métodos para detectarlas, aunque no estoy seguro de que un mundo sin mentiras sea siquiera factible. Mark Twain probablemente haya sido el que mejor comprendió el asunto cuando sostuvo que había un modo de averiguar si un hombre era sincero: “Pregúntaselo: si responde que sí, sabrás que es deshonesto”.


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Los chicos comienzan a mentir a los 2 años, aunque al principio lo hacen de manera burda y evidente. Recién a los 4 años es cuando empiezan a desarrollar la verdadera capacidad de engañar (que luego perfeccionan el resto de sus vidas), lo cual resulta consistente con el hecho de que en los estudios de laboratorio el 96 % de los chicos miente (y mi sospecha es que los que no lo hacen es porque presentan algún problema concreto en su desarrollo cognitivo, como en el caso de los autistas).

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Cerca de una tercera parte de los vendedores mienten sobre la calidad de sus productos, pero lo más notable es que contrariamente a las predicciones, los compradores se creían las mentiras. Luego los investigadores cambiaron los roles (poniendo a los compradores de vendedores y viceversa) y se llevaron la segunda sorpresa: aquellos que como vendedores habían recurrido más al engaño fueron los que como compradores cayeron más en la trampa. Que la mentira sea relativamente menos frecuente (y efectiva) en la comunicación cara a cara no es una sorpresa, puesto que si se toman los recaudos necesarios, es más fácil detectar a los tramposos, como sucede en la popular serie de televisión Lie to Me, basada en los resultados de las investigaciones transculturales de Paul Ekman.

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Este famoso psicólogo de la Universidad de California, experto en el estudio de las emociones y en el lenguaje corporal, tiene un programa de entrenamiento online ( http://www.paulekman.com ) con el que cualquier persona puede aprender a identificar las micro expresiones más relevantes que se producen en el rostro humano a partir de la contracción involuntaria de sus 43 músculos. Tal y como dice el eslogan de la serie: “La voz puede mentir, el cuerpo no”. En tiempos electorales, los desarrollos de Ekman se convierten en oro en polvo. El antropólogo argentino Sergio Rulicki lo sabe muy bien. Es experto en lenguaje corporal y su celular no para de recibir llamados de los asesores de imagen de los principales candidatos. Si no hay plata para contratarlo, no te preocupes, podes aprender viendo en internet un video (muy recomendable) que analiza gestos característicos de famosos y políticos de nuestro país

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